domingo, 20 de julio de 2008

La alberca del moro


(Arenas movedizas, por Carlos Herrera)
La alberca del moro.

"Supuse, desde mi ignorancia, que un alud de feministas saltaría de sus asientos"

Un grupo –ignoro si muy nutrido– de musulmanes residentes en comarcas leridanas como Segarra o Urgell y, al parecer, también en la propia capital, se han dirigido a sus respectivos ayuntamientos para exigir que las piscinas municipales segreguen debidamente a los hombres y a las mujeres o para que, al menos, exista un horario especial mediante el cual las mujeres musulmanas, las suyas, puedan bañarse al abrigo de miradas de hombre alguno, musulmán o no. Ante este mensaje medieval, coherente al fin y al cabo con el islam teórico y con sus prácticas sociales en los países en los que impera, algunos alcaldes se han adelantado a responder muy educadamente que no es posible ya que la Constitución no permite ese tipo de segregaciones y que lo más que pueden hacer es limitar esa separación a los vestuarios. El de Cervera, localidad en la que se escenifica la Pasión de Cristo cuando llega la Cuaresma en el espectacular teatro que construyó el propio patronato y que sigue siendo un modelo de buen trabajo y de mejor tradición, fue el primero en decir que no, que muchas gracias por la sugerencia (si pueden, por cierto, no descuiden conocer ese pueblo, su universidad, sus murallas, la Paería, la iglesia de San Antonio, merecen una visita: gente buena y ‘ferma’ como su tierra). Inmediatamente algunos malpensados han comenzado a elucubrar lo que ocurriría si algún día un musulmán obtuviera una alcaldía en las comarcas del Segre: a no ser que lo impidieran determinados resortes legales, nos tendríamos que tragar dobladas sus pretensiones. ¿Es ese un escenario posible? Gran pregunta sin respuesta clara y determinante.

A tenor de la alianza de civilizaciones que, por lo visto, tenemos que tejer con elementos de este jaez, valdría aventurar que el envalentonamiento y descaro con el que plantean reivindicaciones, que ni por asomo contemplarían a la inversa en sus lugares de origen, viene consentido de largo por la actitud tolerante de muchos partidarios del multiculturalismo. Efectivamente, desde la descerebrada y anacrónica exigencia de estos colectivos de musulmanes, ninguno de los severos líderes sociales que tanto velan por laicismos militantes y otras muestras de anticatolicismo, ninguno, ha abierto su boquita de piñón. Supuse, desde mi ignorancia definitiva, que un alud de asociaciones feministas saltarían de sus asientos de milimétricas observadoras del match diario que juegan hombres y mujeres en la sociedad para ensordecernos a todos con su protesta firme y tajante. Pues menudo chasco. Ni una. Pero es que ni una. Ninguna de estas valerosas gudaris de la igualdad ha mostrado su solidaridad con las mujeres musulmanas que tienen que bañarse con hábito y a las que pretenden encerrar en una alberca solitaria para que remojen sus carnes al atardecer. Son culturas con tinte atávico que irán transformándose a medida que convivan con la realidad de occidente, piensan. O deben pensar. ¡Y una mierda! Más tiempo llevan en Francia y la imposición del velo sigue sin resolverse a pesar de la determinación inapelable del Estado francés. Cuando los colectivos musulmanes exigen que, por ejemplo, no se les pueda practicar cacheos corporales, que se retoquen leyes del ruido para poder expandir el llamamiento a la oración en barrios enteros, que se creen tribunales especiales y voluntarios para juzgarles según la arcaica Shariah de la que tenemos alguna noticia ya o crear un criterio ‘Rushdie’ de la justicia y poder actuar enérgicamente contra los que critican el islam –por ejemplo, este artículo–, están soliviantando la progresión hacia la justicia y la igualdad que emprendió occidente cientos de años atrás. Si no se es tajante en la defensa de esos valores y se juega con gilipolleces de alianzas, de multiculturalismos, de ‘tolerancias’, de ‘talantes’ y de legislaciones especiales en función de cómo se inclina uno al rezar, estamos perdidos.

Así que espabilen todos esos vigorosos custodios del laicismo. Tienen una oportunidad magnífica para elevar su protesta por las pretensiones de este puñado de majaretas residentes en Lérida. Demuestren su valentía y su celo. A ver si hay cojones, que aún no han dicho ni esta boca es mía.
Y si no, ya sabemos. A bañarnos con turbante todos.

3 comentarios:

ramonnerin dijo...

Para los ciudadanos que tenemos como referencia a los filósofos franceses de la Ilustración, el asunto que plantea Herrera es intrascendente.
La Sociedad occidental se organiza en torno a principios básicos como la libertad, la igualdad y la solidaridad. Las creencias religiosas, que son de àmbito personal, y protegidas por el primer principio citado, en modo alguno, y ninguna de ellas, pueden suponer una imposicion social, en ningún órden, ya que como he dicho son ópciones personales. Con estas cuestiones claras, las pajas mental-dialécticas del ínclito Herrera, que le aprovechen.accjwxol

"O zagal de Molinero l'arco" dijo...

Estoy completamate de acuerdo contigo.
Parece que a algunos les molesta que esta tierra sea un crisol de culturas y por ende lo que ello comporta.
Como bien dices la religion es personal y nunca deberia abocar en una imposicion social,(por desgracia ya paso en este pais).
Salu y a plantar fuerte.

JAVIER dijo...

Pues yo no le vea la intrascendencia al asunto.Precisamente de la ilustración nace el concepto de ciudadanía, y la ciudadanía, y cada uno de los ciudadanos, tienen unos derechos que la administración debe proteger, al margen de que los ciudadanos de tal o cual religión (o de ninguna) tienen derecho a decidir cómo quieren vivir (siempre con el lógico limite de no perjudicar a nadie)
El tener en cuenta determinadas peticiones iría en detrimento de personas que verían reducidos horarios y posibilidades de esparcimiento en equipamientos públicos siempre escasos pagados por todos en beneficio, es un decir, exclusivo de quien sufre la segregación.

Al margen de todo ello, el autor del artículo comentado puede caer mejor o peor y puede estar más o menos acertado en la forma de exponerlo, pero suscita un tema que cada vez más frecuentemente abrirá debates en nuestra sociedad. Es por ello que agradezco, que en este blog se aborden también este tipo de temáticas .
Salud y p'alante con el blog que empieza a gustarme mucho

domingo, 20 de julio de 2008

La alberca del moro


(Arenas movedizas, por Carlos Herrera)
La alberca del moro.

"Supuse, desde mi ignorancia, que un alud de feministas saltaría de sus asientos"

Un grupo –ignoro si muy nutrido– de musulmanes residentes en comarcas leridanas como Segarra o Urgell y, al parecer, también en la propia capital, se han dirigido a sus respectivos ayuntamientos para exigir que las piscinas municipales segreguen debidamente a los hombres y a las mujeres o para que, al menos, exista un horario especial mediante el cual las mujeres musulmanas, las suyas, puedan bañarse al abrigo de miradas de hombre alguno, musulmán o no. Ante este mensaje medieval, coherente al fin y al cabo con el islam teórico y con sus prácticas sociales en los países en los que impera, algunos alcaldes se han adelantado a responder muy educadamente que no es posible ya que la Constitución no permite ese tipo de segregaciones y que lo más que pueden hacer es limitar esa separación a los vestuarios. El de Cervera, localidad en la que se escenifica la Pasión de Cristo cuando llega la Cuaresma en el espectacular teatro que construyó el propio patronato y que sigue siendo un modelo de buen trabajo y de mejor tradición, fue el primero en decir que no, que muchas gracias por la sugerencia (si pueden, por cierto, no descuiden conocer ese pueblo, su universidad, sus murallas, la Paería, la iglesia de San Antonio, merecen una visita: gente buena y ‘ferma’ como su tierra). Inmediatamente algunos malpensados han comenzado a elucubrar lo que ocurriría si algún día un musulmán obtuviera una alcaldía en las comarcas del Segre: a no ser que lo impidieran determinados resortes legales, nos tendríamos que tragar dobladas sus pretensiones. ¿Es ese un escenario posible? Gran pregunta sin respuesta clara y determinante.

A tenor de la alianza de civilizaciones que, por lo visto, tenemos que tejer con elementos de este jaez, valdría aventurar que el envalentonamiento y descaro con el que plantean reivindicaciones, que ni por asomo contemplarían a la inversa en sus lugares de origen, viene consentido de largo por la actitud tolerante de muchos partidarios del multiculturalismo. Efectivamente, desde la descerebrada y anacrónica exigencia de estos colectivos de musulmanes, ninguno de los severos líderes sociales que tanto velan por laicismos militantes y otras muestras de anticatolicismo, ninguno, ha abierto su boquita de piñón. Supuse, desde mi ignorancia definitiva, que un alud de asociaciones feministas saltarían de sus asientos de milimétricas observadoras del match diario que juegan hombres y mujeres en la sociedad para ensordecernos a todos con su protesta firme y tajante. Pues menudo chasco. Ni una. Pero es que ni una. Ninguna de estas valerosas gudaris de la igualdad ha mostrado su solidaridad con las mujeres musulmanas que tienen que bañarse con hábito y a las que pretenden encerrar en una alberca solitaria para que remojen sus carnes al atardecer. Son culturas con tinte atávico que irán transformándose a medida que convivan con la realidad de occidente, piensan. O deben pensar. ¡Y una mierda! Más tiempo llevan en Francia y la imposición del velo sigue sin resolverse a pesar de la determinación inapelable del Estado francés. Cuando los colectivos musulmanes exigen que, por ejemplo, no se les pueda practicar cacheos corporales, que se retoquen leyes del ruido para poder expandir el llamamiento a la oración en barrios enteros, que se creen tribunales especiales y voluntarios para juzgarles según la arcaica Shariah de la que tenemos alguna noticia ya o crear un criterio ‘Rushdie’ de la justicia y poder actuar enérgicamente contra los que critican el islam –por ejemplo, este artículo–, están soliviantando la progresión hacia la justicia y la igualdad que emprendió occidente cientos de años atrás. Si no se es tajante en la defensa de esos valores y se juega con gilipolleces de alianzas, de multiculturalismos, de ‘tolerancias’, de ‘talantes’ y de legislaciones especiales en función de cómo se inclina uno al rezar, estamos perdidos.

Así que espabilen todos esos vigorosos custodios del laicismo. Tienen una oportunidad magnífica para elevar su protesta por las pretensiones de este puñado de majaretas residentes en Lérida. Demuestren su valentía y su celo. A ver si hay cojones, que aún no han dicho ni esta boca es mía.
Y si no, ya sabemos. A bañarnos con turbante todos.

3 comentarios:

ramonnerin dijo...

Para los ciudadanos que tenemos como referencia a los filósofos franceses de la Ilustración, el asunto que plantea Herrera es intrascendente.
La Sociedad occidental se organiza en torno a principios básicos como la libertad, la igualdad y la solidaridad. Las creencias religiosas, que son de àmbito personal, y protegidas por el primer principio citado, en modo alguno, y ninguna de ellas, pueden suponer una imposicion social, en ningún órden, ya que como he dicho son ópciones personales. Con estas cuestiones claras, las pajas mental-dialécticas del ínclito Herrera, que le aprovechen.accjwxol

"O zagal de Molinero l'arco" dijo...

Estoy completamate de acuerdo contigo.
Parece que a algunos les molesta que esta tierra sea un crisol de culturas y por ende lo que ello comporta.
Como bien dices la religion es personal y nunca deberia abocar en una imposicion social,(por desgracia ya paso en este pais).
Salu y a plantar fuerte.

JAVIER dijo...

Pues yo no le vea la intrascendencia al asunto.Precisamente de la ilustración nace el concepto de ciudadanía, y la ciudadanía, y cada uno de los ciudadanos, tienen unos derechos que la administración debe proteger, al margen de que los ciudadanos de tal o cual religión (o de ninguna) tienen derecho a decidir cómo quieren vivir (siempre con el lógico limite de no perjudicar a nadie)
El tener en cuenta determinadas peticiones iría en detrimento de personas que verían reducidos horarios y posibilidades de esparcimiento en equipamientos públicos siempre escasos pagados por todos en beneficio, es un decir, exclusivo de quien sufre la segregación.

Al margen de todo ello, el autor del artículo comentado puede caer mejor o peor y puede estar más o menos acertado en la forma de exponerlo, pero suscita un tema que cada vez más frecuentemente abrirá debates en nuestra sociedad. Es por ello que agradezco, que en este blog se aborden también este tipo de temáticas .
Salud y p'alante con el blog que empieza a gustarme mucho