sábado, 12 de septiembre de 2009

SOY UNO MÁS DE LOS QUE TIENEN CÁNCER

Pepe Nerin parroco de Laspuña y profe del Instituto de l'Ainsa a finales de los 70

El 15 de junio me practicaron una colonoscopia y descubrieron que tenía cáncer de colon. Tres días después ingresé en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza para realizarme una serie de pruebas que delimitaran el alcance de los tumores y que confirmaron lo ya sabido descartando metástasis. A partir de ahora voy a ser sometido a sesiones de radio y quimioterapia previas a la operación que tendrá lugar probablemente en noviembre. En total se calcula que estaré entre 10 y 12 meses en el “dique seco”, pero que llegaré a curarme.

Mi vida ha “cambiado” desde el momento en que me diagnosticaron el mal. Se da la circunstancia de que a una de mis hermanas también le detectaron en el mes de octubre de 2008 cáncer, pero en peores condiciones que el mío. Nuestra familia, por tanto, se ha visto sacudida en dos ocasiones y con poco espacio de tiempo entre ellas. Tal vez por el precedente de mi hermana, la noticia de mi propia enfermedad no me causó un impacto excesivo y la asumí, confiando en que las pruebas posteriores descartaran males mayores, como así fue. Desde el principio me sentí como uno más dentro de la ingente cantidad de personas que estamos afectadas por una enfermedad que hasta hace pocos años tenía un carácter trágico y antesala de la muerte. Me puse en manos de Dios, recordando aquel pasaje en el que, como una jaculatoria, se le implora diciendo: “Si quieres, puedes limpiarme”. Y también aquel otro texto del salmo 15: “Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti”. Y no he quedado defraudado, sintiendo que recibía la fuerza suficiente para afrontar un período difícil.

Desde el primer momento, mi familia me ha arropado. He tenido además la suerte de contar con mi compañero de piso, el cual, como enfermero en el Servet, se ha volcado para facilitarme las cosas, comportándose como un hermano más. He sentido el apoyo de los amigos y de mis parroquianos de Begoña. Mis colegas en el sacerdocio, empezando por los vicarios, me han mostrado su cercanía y cariño, incluido mi obispo de Barbastro. El personal sanitario (médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, limpiadoras, capellanes y hasta los miembros de la asociación de lucha contra el cáncer que me visitaban a menudo) ha tenido conmigo un trato correctísimo y agradable durante los días en que he permanecido en el hospital en fase de pruebas.

Mención aparte merece el compañero de habitación que me tocó en suerte y su familia que le acompañaba. El respeto y el cariño los he vivido en carne viva, ayudándonos mutuamente a superar las incomodidades que supone el residir en un territorio que hasta ese momento no era el nuestro. Al final no pudo ser y mi compañero falleció tres días después de que me dieran el alta. El martes, día 7 de julio, nos reunimos en el cementerio de Torrero para celebrar la Eucaristía, dando gracias a Dios por el regalo de José, que así se llamaba.

Estoy viviendo una experiencia nueva, la experiencia de la debilidad y la enfermedad. Qué gran verdad es aquélla que escuchábamos el domingo pasado de que la fuerza de Dios se manifiesta en nuestra debilidad. Desde el momento en que entré en el hospital y me asignaron el pijama me di cuenta de que tenía que confiarme a las manos de otros y de que yo ya no era tan dueño de mi propio destino. Que tenía que contar con otras personas, que las necesitaba, que las necesito.

Doy gracias a Dios por el apoyo que recibo, por las visitas al hospital y a mi casa, por las llamadas de teléfono, por los correos electrónicos que se acumulan, por las numerosas oraciones. Por todas partes recibo ánimos y ejemplos de tantos conocidos que han superado la enfermedad. No estoy desanimado sino todo lo contrario. Y espero salir purificado de la prueba. Gracias a todos.

Pepe Nerín
8.7.2009

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Pepe:
En estos momentos tan dif'iciles que llevas con entusiasmo, valentia, esperanza y resignación, solo me queda decirte que los que te conocimos en Laspuña, yo por desgracia muy poco, ya que mis labores docentes fueron a parar a Cataluña y desde aquí te envio un sincero abrazo con esperanza e ilusión de que nada más sea un mal sueño.
Mariano Nerín

Anónimo dijo...

Sólo puedo decir dos cosas: ANIMO Y FORTALEZA.

Núria dijo...

Només dir-te ànims i endavant. T'agraeixo l'escrit, emet una serenitat i valentia que poques persones serien capaces d'expressar en moments com aquests. Et desitjo tot el millor.

sábado, 12 de septiembre de 2009

SOY UNO MÁS DE LOS QUE TIENEN CÁNCER

Pepe Nerin parroco de Laspuña y profe del Instituto de l'Ainsa a finales de los 70

El 15 de junio me practicaron una colonoscopia y descubrieron que tenía cáncer de colon. Tres días después ingresé en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza para realizarme una serie de pruebas que delimitaran el alcance de los tumores y que confirmaron lo ya sabido descartando metástasis. A partir de ahora voy a ser sometido a sesiones de radio y quimioterapia previas a la operación que tendrá lugar probablemente en noviembre. En total se calcula que estaré entre 10 y 12 meses en el “dique seco”, pero que llegaré a curarme.

Mi vida ha “cambiado” desde el momento en que me diagnosticaron el mal. Se da la circunstancia de que a una de mis hermanas también le detectaron en el mes de octubre de 2008 cáncer, pero en peores condiciones que el mío. Nuestra familia, por tanto, se ha visto sacudida en dos ocasiones y con poco espacio de tiempo entre ellas. Tal vez por el precedente de mi hermana, la noticia de mi propia enfermedad no me causó un impacto excesivo y la asumí, confiando en que las pruebas posteriores descartaran males mayores, como así fue. Desde el principio me sentí como uno más dentro de la ingente cantidad de personas que estamos afectadas por una enfermedad que hasta hace pocos años tenía un carácter trágico y antesala de la muerte. Me puse en manos de Dios, recordando aquel pasaje en el que, como una jaculatoria, se le implora diciendo: “Si quieres, puedes limpiarme”. Y también aquel otro texto del salmo 15: “Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti”. Y no he quedado defraudado, sintiendo que recibía la fuerza suficiente para afrontar un período difícil.

Desde el primer momento, mi familia me ha arropado. He tenido además la suerte de contar con mi compañero de piso, el cual, como enfermero en el Servet, se ha volcado para facilitarme las cosas, comportándose como un hermano más. He sentido el apoyo de los amigos y de mis parroquianos de Begoña. Mis colegas en el sacerdocio, empezando por los vicarios, me han mostrado su cercanía y cariño, incluido mi obispo de Barbastro. El personal sanitario (médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, limpiadoras, capellanes y hasta los miembros de la asociación de lucha contra el cáncer que me visitaban a menudo) ha tenido conmigo un trato correctísimo y agradable durante los días en que he permanecido en el hospital en fase de pruebas.

Mención aparte merece el compañero de habitación que me tocó en suerte y su familia que le acompañaba. El respeto y el cariño los he vivido en carne viva, ayudándonos mutuamente a superar las incomodidades que supone el residir en un territorio que hasta ese momento no era el nuestro. Al final no pudo ser y mi compañero falleció tres días después de que me dieran el alta. El martes, día 7 de julio, nos reunimos en el cementerio de Torrero para celebrar la Eucaristía, dando gracias a Dios por el regalo de José, que así se llamaba.

Estoy viviendo una experiencia nueva, la experiencia de la debilidad y la enfermedad. Qué gran verdad es aquélla que escuchábamos el domingo pasado de que la fuerza de Dios se manifiesta en nuestra debilidad. Desde el momento en que entré en el hospital y me asignaron el pijama me di cuenta de que tenía que confiarme a las manos de otros y de que yo ya no era tan dueño de mi propio destino. Que tenía que contar con otras personas, que las necesitaba, que las necesito.

Doy gracias a Dios por el apoyo que recibo, por las visitas al hospital y a mi casa, por las llamadas de teléfono, por los correos electrónicos que se acumulan, por las numerosas oraciones. Por todas partes recibo ánimos y ejemplos de tantos conocidos que han superado la enfermedad. No estoy desanimado sino todo lo contrario. Y espero salir purificado de la prueba. Gracias a todos.

Pepe Nerín
8.7.2009

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Pepe:
En estos momentos tan dif'iciles que llevas con entusiasmo, valentia, esperanza y resignación, solo me queda decirte que los que te conocimos en Laspuña, yo por desgracia muy poco, ya que mis labores docentes fueron a parar a Cataluña y desde aquí te envio un sincero abrazo con esperanza e ilusión de que nada más sea un mal sueño.
Mariano Nerín

Anónimo dijo...

Sólo puedo decir dos cosas: ANIMO Y FORTALEZA.

Núria dijo...

Només dir-te ànims i endavant. T'agraeixo l'escrit, emet una serenitat i valentia que poques persones serien capaces d'expressar en moments com aquests. Et desitjo tot el millor.