viernes, 20 de agosto de 2010

Una piedra en el camino...


¡Rápido, hay que recoger las tiendas y cargar los bártulos en las furgonetas¡ ¡Rápido que nos echan de la localidad de Campo¡
Nuestra inicial idea, pactada con representantes de la Comunidad ribagorzana, era acampar en un antiguo camping, ya en desuso, sin servicios ni agua, pasar la noche y de madrugada seguir la ruta.
Esfuerzo inútil descargar los bártulos y montar las tiendas, pues sin saberlo nos hemos metido en la peña de los jóvenes de este pueblo. ¡Qué osadía la nuestra¡ Jóvenes que han esperado a que dejáramos a solo una persona a cargo de todo para venir a echarnos.
Sentimos la ocupación, desconocíamos que era la discoteca de estos chicos, entre ellos el hijo del Alcalde.
A él recurrimos, pero se niega a hablar con nosotros, insistimos tratando de mediar, no queremos problemas con nadie y menos con los más jóvenes. Le pedimos que nos proporcione un sitio, pero se niega. Le contamos que venimos desde Zaragoza caminando, le hablamos de nuestra iniciativa, de la Marcha a Bruselas. Le ofrecemos pagar un alquiler o que nos deje usar las escuelas, cualquier sitio sería bien recibido para poder pasar la noche y descansar.
Pero no se aviene. Dice que no hay nada que hacer, que la campa es para discoteca de sus chicos y que estarán hasta más de la dos de la mañana con la música a todo volumen.
Nos sentimos como los antiguos caminantes, a los que se les negaba el asilo a su llegada a los pueblos. El Alcalde de Campo, D Eusebio Echart, practica esta forma de acogida. Se ha lavado las manos y en una dejación total de sus funciones como edil municipal, ha hecho oídos sordos a nuestra petición. Nos niega la posibilidad de acogernos en cualquier lugar del pueblo.
Qué lejos queda esta actitud de la demostrada por las buenas gentes de L’Ainsa. Tan solo 32 kilómetros separan un pueblo de otro. Pero es un mundo. En uno reina la solidaridad con el que recorre sus vías, en el otro su alcalde practica la indiferencia, y como Pilatos se lava las manos sin ofrecer soluciones a quienes con educación se las demanda.
Queríamos compartir con la buena gente de Campo nuestro paso por el pueblo, barajábamos incluso la posibilidad de hablarles de nuestra iniciativa, darles a conocer los motivos que nos impulsan a hacer la Marcha hasta Bruselas, pero al señor alcalde todo esto no le interesa. Es más, nos cierra las puertas de su pueblo, de su cortijo y nos remite a la Guardia Civil. El sigue a sus cosas, imaginamos que deben ser más importantes que dar cobijo a los marchistas.
Otros sin embargo nos acogerán esta noche. Otros se han ofrecido a hacerlo. Santaliestra con su combativo alcalde Javier Mur a la cabeza, nos abre las puertas de su localidad. Todo es poco para recibirnos a tan intempestivas horas. No hay problema, todo solucionado. Las buenas gentes de Santaliestra, acostumbradas a luchar por sus tierras, a defenderlas de la voracidad depredadora de los políticos de turno empeñados en inundarlas, reciben con los brazos abiertos a estos cansados y dolientes caminantes.
Sabemos que el comportamiento del alcalde Campo no es extrapolable a toda la población. Lo hemos podido comprobar, cuando en mitad de la vorágine en que nos hemos visto metidos, los dueños del Restaurante “El Rebos de Campo” nos dieron de cenar, ofrecieron su aparcamiento para instalar las tiendas y lo que es más importante nos regalaron su solidaridad.
Gracias amigos, gracias compañeros, os llevamos en el corazón, contad con unos amigos para siempre.
Aprenda señor alcalde de sus convecinos.

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viernes, 20 de agosto de 2010

Una piedra en el camino...


¡Rápido, hay que recoger las tiendas y cargar los bártulos en las furgonetas¡ ¡Rápido que nos echan de la localidad de Campo¡
Nuestra inicial idea, pactada con representantes de la Comunidad ribagorzana, era acampar en un antiguo camping, ya en desuso, sin servicios ni agua, pasar la noche y de madrugada seguir la ruta.
Esfuerzo inútil descargar los bártulos y montar las tiendas, pues sin saberlo nos hemos metido en la peña de los jóvenes de este pueblo. ¡Qué osadía la nuestra¡ Jóvenes que han esperado a que dejáramos a solo una persona a cargo de todo para venir a echarnos.
Sentimos la ocupación, desconocíamos que era la discoteca de estos chicos, entre ellos el hijo del Alcalde.
A él recurrimos, pero se niega a hablar con nosotros, insistimos tratando de mediar, no queremos problemas con nadie y menos con los más jóvenes. Le pedimos que nos proporcione un sitio, pero se niega. Le contamos que venimos desde Zaragoza caminando, le hablamos de nuestra iniciativa, de la Marcha a Bruselas. Le ofrecemos pagar un alquiler o que nos deje usar las escuelas, cualquier sitio sería bien recibido para poder pasar la noche y descansar.
Pero no se aviene. Dice que no hay nada que hacer, que la campa es para discoteca de sus chicos y que estarán hasta más de la dos de la mañana con la música a todo volumen.
Nos sentimos como los antiguos caminantes, a los que se les negaba el asilo a su llegada a los pueblos. El Alcalde de Campo, D Eusebio Echart, practica esta forma de acogida. Se ha lavado las manos y en una dejación total de sus funciones como edil municipal, ha hecho oídos sordos a nuestra petición. Nos niega la posibilidad de acogernos en cualquier lugar del pueblo.
Qué lejos queda esta actitud de la demostrada por las buenas gentes de L’Ainsa. Tan solo 32 kilómetros separan un pueblo de otro. Pero es un mundo. En uno reina la solidaridad con el que recorre sus vías, en el otro su alcalde practica la indiferencia, y como Pilatos se lava las manos sin ofrecer soluciones a quienes con educación se las demanda.
Queríamos compartir con la buena gente de Campo nuestro paso por el pueblo, barajábamos incluso la posibilidad de hablarles de nuestra iniciativa, darles a conocer los motivos que nos impulsan a hacer la Marcha hasta Bruselas, pero al señor alcalde todo esto no le interesa. Es más, nos cierra las puertas de su pueblo, de su cortijo y nos remite a la Guardia Civil. El sigue a sus cosas, imaginamos que deben ser más importantes que dar cobijo a los marchistas.
Otros sin embargo nos acogerán esta noche. Otros se han ofrecido a hacerlo. Santaliestra con su combativo alcalde Javier Mur a la cabeza, nos abre las puertas de su localidad. Todo es poco para recibirnos a tan intempestivas horas. No hay problema, todo solucionado. Las buenas gentes de Santaliestra, acostumbradas a luchar por sus tierras, a defenderlas de la voracidad depredadora de los políticos de turno empeñados en inundarlas, reciben con los brazos abiertos a estos cansados y dolientes caminantes.
Sabemos que el comportamiento del alcalde Campo no es extrapolable a toda la población. Lo hemos podido comprobar, cuando en mitad de la vorágine en que nos hemos visto metidos, los dueños del Restaurante “El Rebos de Campo” nos dieron de cenar, ofrecieron su aparcamiento para instalar las tiendas y lo que es más importante nos regalaron su solidaridad.
Gracias amigos, gracias compañeros, os llevamos en el corazón, contad con unos amigos para siempre.
Aprenda señor alcalde de sus convecinos.

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