martes, 15 de febrero de 2011

El dragón d'Aragón



El dragón d’Aragón - Guillermo Fatás


A partir de Pedro IV, la casa real aragonesa añadió un nuevo símbolo que al igual que el señal real de Aragón cuatribarrado se extendió al propio reino de Aragón y a toda la Corona regida por el rey de Aragón.
 En aquella época era corriente el uso de emblemas heráldicos que definieran por sí mismos al país al que representaban. Castilla lucía un castillo en su escudo. León portaba un león, Granada una granada, Francia (Galia) tenía como símbolo al gallo. El nuevo símbolo adoptado por Pedro IV que definía su país y su propio apellido era el dragón, palabra que suena de forma similar a D‘Aragón.
El rey llevaba siempre junto a él los símbolos propios, el señal real de Aragón cuatribarrado y el escudo con su yelmo portados por un alférez o senyalero que debía de ser aragonés.
En las ocasiones de gran solemnidad, el rey de Aragón portaba un casco, la corona real encima y para rematar un gran dragón con las alas desplegadas y las fauces abiertas. Un paño de color azul oscuro con la cruz de Iñigo Arista cubría los laterales y la trasera del yelmo (actual 2º cuartel del escudo de Aragón). Además portaba una larga túnica con la cuatribarrada aragonesa. Su aspecto, desde luego, debía de ser imponente.
Popularmente se cree que esa cimera real con el dragón fue usada por Jaime I pero no hay constancia de su uso por ningún rey hasta Pedro IV (por cierto, era una persona bastante baja, por lo que le vendrían bien los muchos centímetros que medía la cimera).
Toda su figura era por tanto una exaltación de su dinastía y de Aragón. La cuatribarrada de su túnica, la antigua cruz de Aragón sobre fondo azul y para rematar el conjunto el dragón D’Aragón. Y de esta forma fueron inmortalizados en multitud de representaciones los reyes de Aragón.

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martes, 15 de febrero de 2011

El dragón d'Aragón



El dragón d’Aragón - Guillermo Fatás


A partir de Pedro IV, la casa real aragonesa añadió un nuevo símbolo que al igual que el señal real de Aragón cuatribarrado se extendió al propio reino de Aragón y a toda la Corona regida por el rey de Aragón.
 En aquella época era corriente el uso de emblemas heráldicos que definieran por sí mismos al país al que representaban. Castilla lucía un castillo en su escudo. León portaba un león, Granada una granada, Francia (Galia) tenía como símbolo al gallo. El nuevo símbolo adoptado por Pedro IV que definía su país y su propio apellido era el dragón, palabra que suena de forma similar a D‘Aragón.
El rey llevaba siempre junto a él los símbolos propios, el señal real de Aragón cuatribarrado y el escudo con su yelmo portados por un alférez o senyalero que debía de ser aragonés.
En las ocasiones de gran solemnidad, el rey de Aragón portaba un casco, la corona real encima y para rematar un gran dragón con las alas desplegadas y las fauces abiertas. Un paño de color azul oscuro con la cruz de Iñigo Arista cubría los laterales y la trasera del yelmo (actual 2º cuartel del escudo de Aragón). Además portaba una larga túnica con la cuatribarrada aragonesa. Su aspecto, desde luego, debía de ser imponente.
Popularmente se cree que esa cimera real con el dragón fue usada por Jaime I pero no hay constancia de su uso por ningún rey hasta Pedro IV (por cierto, era una persona bastante baja, por lo que le vendrían bien los muchos centímetros que medía la cimera).
Toda su figura era por tanto una exaltación de su dinastía y de Aragón. La cuatribarrada de su túnica, la antigua cruz de Aragón sobre fondo azul y para rematar el conjunto el dragón D’Aragón. Y de esta forma fueron inmortalizados en multitud de representaciones los reyes de Aragón.

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