domingo, 27 de junio de 2010

De Jaca a Laspuña

(Texto integro del correo recibido)
En la década del 70, llegó a Laspuña un joven jacetano recién salido de la mili, con el título de maestro bajo el brazo, un poco asustado, algo tímido y con todos los conocimientos pedagógicos frescos, ansioso de enseñar y preocupado por ser capaz de entregar sus conocimientos y valores.
Con la fuerza de su juventud y con la acogida de todo el pueblo, rápidamente fue sintiéndose cómodo, a gusto y querido por todos, tan querido que, pocos años después, formó su propia familia y pasó a ser uno más del pueblo.
Maestro es el que instruye, el que informa, el que dirige, el entendido, el hábil, el que enseña, el que acompaña, el que aconseja, el que escucha.
Todo lo anterior fue Antonio para los niños y niñas que tuvo como alumnos en nuestra querida e histórica escuela.
Fue la persona que más horas pasaba con los hijos de Laspuña y que, sin lugar a dudas, tan bien los conoció.
Hagamos memoria del tiempo que ejerció en el pueblo, de cuando los hijos, sobrinos y nietos iban con sus mochilas ordenadas, con sus conocimientos, con sus deberes hechos, con sus secretos, alegrías y una que otra pena que contarle a don Antonio.
Siempre he pensado que en la vida hay tres “profesiones” para las cuales se necesita tener una especial vocación: Sacerdote, médico y maestro.
Gracias Antonio por tus esfuerzos, tus desvelos y preocupaciones.
Gracias por los años que estuviste en éste balcón del Pirineo, trabajando día a día con lo más sagrado de la sociedad: Los niños.
Gracias por tu amor hacia ellos, por tu paciencia, por tu impaciencia, por tus paseos por el monte, por tus partidos de fútbol, por todo eso y mucho más: Gracias Maestro Antonio

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domingo, 27 de junio de 2010

De Jaca a Laspuña

(Texto integro del correo recibido)
En la década del 70, llegó a Laspuña un joven jacetano recién salido de la mili, con el título de maestro bajo el brazo, un poco asustado, algo tímido y con todos los conocimientos pedagógicos frescos, ansioso de enseñar y preocupado por ser capaz de entregar sus conocimientos y valores.
Con la fuerza de su juventud y con la acogida de todo el pueblo, rápidamente fue sintiéndose cómodo, a gusto y querido por todos, tan querido que, pocos años después, formó su propia familia y pasó a ser uno más del pueblo.
Maestro es el que instruye, el que informa, el que dirige, el entendido, el hábil, el que enseña, el que acompaña, el que aconseja, el que escucha.
Todo lo anterior fue Antonio para los niños y niñas que tuvo como alumnos en nuestra querida e histórica escuela.
Fue la persona que más horas pasaba con los hijos de Laspuña y que, sin lugar a dudas, tan bien los conoció.
Hagamos memoria del tiempo que ejerció en el pueblo, de cuando los hijos, sobrinos y nietos iban con sus mochilas ordenadas, con sus conocimientos, con sus deberes hechos, con sus secretos, alegrías y una que otra pena que contarle a don Antonio.
Siempre he pensado que en la vida hay tres “profesiones” para las cuales se necesita tener una especial vocación: Sacerdote, médico y maestro.
Gracias Antonio por tus esfuerzos, tus desvelos y preocupaciones.
Gracias por los años que estuviste en éste balcón del Pirineo, trabajando día a día con lo más sagrado de la sociedad: Los niños.
Gracias por tu amor hacia ellos, por tu paciencia, por tu impaciencia, por tus paseos por el monte, por tus partidos de fútbol, por todo eso y mucho más: Gracias Maestro Antonio

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