martes, 26 de noviembre de 2013

Nabateros del Sobrarbe, cabalgando el río Cinca

Desde www.feitoenlspñ.com me han enviado el enlace de una pagina donde han publicado el siguiente articulo:

Un hombre subido a una balsa de troncos ni tiene por qué estar en el Caribe ni representar la imagen de un naufragio. En España, en concreto en el Sobrarbe, Aragón, esos hombres sobre esas balsas representan la historia y la capacidad del hombre para que la memoria no se desmembre como el algodón al tirar de él.
Durante más de cuatro siglos se trasladaron los troncos desde la Sierra, el entorno del Parque Nacional de Ordesa, hasta Zaragoza a través del río Cinca, afluente del Ebro, sobre nabatas, embarcaciones manuales sobre las que dirigían ese comercio. El oficio desapareció en 1943, debido al creciente transporte terrestre y a la la construcción de embalses y pantanos. En 1983, recuperaron la tradición los Navateros del Sobrarbe. En mayo de 2013 se celebró el XXIX Descenso en Nabatas.
Desde el 21 de junio de 2013, el Descenso de Navatas en el río Cinca es Actividad de Interés Turístico de Aragón: “una actividad original y diferenciada con elementos esenciales que la singularizan de las existentes en otros municipios, consistente en finalizar la construcción de las navatas, realizada durante todo el año, así como la botadura y navegación por el río Cinca, recuperando la cultura del transporte fluvial de la madera en Aragón”. Las nabatas, a su vez, se declaradon Bien de Interés Cultural Inmaterial en 2013.

El esfuerzo de los nuevos nabateros del Sobrarbe ha valido el reconocimiento oficial. Recuperaron el oficio gracias a las lecciones de los nabateros que todavía pueden transmitir sus conocimientos. Uno de ellos es Domingo Tomás, que a los 90 años recuerda cómo era el oficio y bromea sobre la dureza de aquellos tiempos: “Yo me metí a eso por ver mundo”.

Hoy los Nabateros descienden el Cinca sobre la nabata que terminan de construir el día anterior al descenso. El gran día, recorren 14 kilómetros fluviales desde el Puente de Laspuña. Uno de sus miembros, Juan García, explica que lo hacen para evocar a los nabateros, que muchos de ellos no sabían ni nadar, para aprender y “porque nos da un poco de vida”.
A principios de siglos, las condiciones eran muy diferentes, a pesar de que en la actualidad, en un ambiente festivo, recuperan los trajes, las palabras, los instrumentos. Por entonces los nabateros podrían llegar hasta Tortosa sobre la nabata y volver caminando, durante jornadas enteras. Era, además, un oficio peligroso. Encallan, sortean rápidos, combaten el sol, el calor del traje, el peligro del agua aun sabiendo nadar, el cansancio, la vuelta.

Joaquín Betato, portavoz de los Nabateros del Sobrarbe, explica el porqué de la celebración: “Para nosotros es sentir dentro el sufrimiento y las penurias que pasaron todos nuestros ancestros para conseguir lo que ahora tenemos. Era duro porque eran días enteros bajando a tierras, para ellos, desconocidas, dejando a sus familias aquí. Y luego que subían andando”.
El momento en el que se lanzan las nabatas al río no es casual. Severino Pallaruelo, de familia de Nabateros, resulta evocador al recuperar la memoria del oficio: “el tiempo de las nabatas es durante el deshielo, cuando el río crece muchísimo y pilla ese color plateado. Por eso para mucha gente de la Tierra Baja, la primavera la traían los nabateros. Con ellos se acaba el invierno”.

El nabatero no se ocupaba únicamente de su oficio en primavera. Entre diciembre y abril se cortaban los árboles, se limpiaban y se dejaban secar. “Cuando llegaba la primavera comenzaban a barranquiar o arrojar todos los troncos al agua y conducirlos sueltos por los ríos pequeños. Las ganchas, pértigas de madera en cuyo extremo se coloca un gancho de metal, eran utilizadas por los barranquiadores para empujar e impulsar los maderos en dirección a ríos de mayor tamaño”.

La fiesta hoy en día se organiza el tercer domingo de mayo. Se construyen las nabatas, se lanzan al río, se come, se baila, y se desciende el Cinca, ante la mirada antenta de los vecinos y curiosos en las orillas y sobre los puentes, hasta Aínsa.
Hace 30 años, el director de cine etnográfico Eugenio Monesma dirigió un documental sobre los Nabateros, donde se puede contemplar el oficio y las emociones vertidas en él, y que recientemente apareció en un programa sobre este antiguo oficio, España a ras de cielo“.

El mundo de los nabateros se ha envuelto todo en un lenguaje propio, porque es una realidad propia y no hay otra forma de referirse a ella, además de señalando con el dedo y con la boca abierta, impresionado, la embarcación y el esfuerzo de los nabateros sobre el río: trampo, verdugo, remeras, nabatero, puntero, codero, Araguas (a la izquierda), Escalona (a la derecha)…

"Texto integro copiado de http://www.escapadarural.com/"

1 comentario:

jose a. sidora dijo...

hay tanta historia de la que tenemos que aprender.....
Hubiéramos sido capaces, las nuevas generaciones, de haber soportado el 50% de los trabajos de nuestros padres y abuelos?
Me saco el sombrero por ellos.

martes, 26 de noviembre de 2013

Nabateros del Sobrarbe, cabalgando el río Cinca

Desde www.feitoenlspñ.com me han enviado el enlace de una pagina donde han publicado el siguiente articulo:

Un hombre subido a una balsa de troncos ni tiene por qué estar en el Caribe ni representar la imagen de un naufragio. En España, en concreto en el Sobrarbe, Aragón, esos hombres sobre esas balsas representan la historia y la capacidad del hombre para que la memoria no se desmembre como el algodón al tirar de él.
Durante más de cuatro siglos se trasladaron los troncos desde la Sierra, el entorno del Parque Nacional de Ordesa, hasta Zaragoza a través del río Cinca, afluente del Ebro, sobre nabatas, embarcaciones manuales sobre las que dirigían ese comercio. El oficio desapareció en 1943, debido al creciente transporte terrestre y a la la construcción de embalses y pantanos. En 1983, recuperaron la tradición los Navateros del Sobrarbe. En mayo de 2013 se celebró el XXIX Descenso en Nabatas.
Desde el 21 de junio de 2013, el Descenso de Navatas en el río Cinca es Actividad de Interés Turístico de Aragón: “una actividad original y diferenciada con elementos esenciales que la singularizan de las existentes en otros municipios, consistente en finalizar la construcción de las navatas, realizada durante todo el año, así como la botadura y navegación por el río Cinca, recuperando la cultura del transporte fluvial de la madera en Aragón”. Las nabatas, a su vez, se declaradon Bien de Interés Cultural Inmaterial en 2013.

El esfuerzo de los nuevos nabateros del Sobrarbe ha valido el reconocimiento oficial. Recuperaron el oficio gracias a las lecciones de los nabateros que todavía pueden transmitir sus conocimientos. Uno de ellos es Domingo Tomás, que a los 90 años recuerda cómo era el oficio y bromea sobre la dureza de aquellos tiempos: “Yo me metí a eso por ver mundo”.

Hoy los Nabateros descienden el Cinca sobre la nabata que terminan de construir el día anterior al descenso. El gran día, recorren 14 kilómetros fluviales desde el Puente de Laspuña. Uno de sus miembros, Juan García, explica que lo hacen para evocar a los nabateros, que muchos de ellos no sabían ni nadar, para aprender y “porque nos da un poco de vida”.
A principios de siglos, las condiciones eran muy diferentes, a pesar de que en la actualidad, en un ambiente festivo, recuperan los trajes, las palabras, los instrumentos. Por entonces los nabateros podrían llegar hasta Tortosa sobre la nabata y volver caminando, durante jornadas enteras. Era, además, un oficio peligroso. Encallan, sortean rápidos, combaten el sol, el calor del traje, el peligro del agua aun sabiendo nadar, el cansancio, la vuelta.

Joaquín Betato, portavoz de los Nabateros del Sobrarbe, explica el porqué de la celebración: “Para nosotros es sentir dentro el sufrimiento y las penurias que pasaron todos nuestros ancestros para conseguir lo que ahora tenemos. Era duro porque eran días enteros bajando a tierras, para ellos, desconocidas, dejando a sus familias aquí. Y luego que subían andando”.
El momento en el que se lanzan las nabatas al río no es casual. Severino Pallaruelo, de familia de Nabateros, resulta evocador al recuperar la memoria del oficio: “el tiempo de las nabatas es durante el deshielo, cuando el río crece muchísimo y pilla ese color plateado. Por eso para mucha gente de la Tierra Baja, la primavera la traían los nabateros. Con ellos se acaba el invierno”.

El nabatero no se ocupaba únicamente de su oficio en primavera. Entre diciembre y abril se cortaban los árboles, se limpiaban y se dejaban secar. “Cuando llegaba la primavera comenzaban a barranquiar o arrojar todos los troncos al agua y conducirlos sueltos por los ríos pequeños. Las ganchas, pértigas de madera en cuyo extremo se coloca un gancho de metal, eran utilizadas por los barranquiadores para empujar e impulsar los maderos en dirección a ríos de mayor tamaño”.

La fiesta hoy en día se organiza el tercer domingo de mayo. Se construyen las nabatas, se lanzan al río, se come, se baila, y se desciende el Cinca, ante la mirada antenta de los vecinos y curiosos en las orillas y sobre los puentes, hasta Aínsa.
Hace 30 años, el director de cine etnográfico Eugenio Monesma dirigió un documental sobre los Nabateros, donde se puede contemplar el oficio y las emociones vertidas en él, y que recientemente apareció en un programa sobre este antiguo oficio, España a ras de cielo“.

El mundo de los nabateros se ha envuelto todo en un lenguaje propio, porque es una realidad propia y no hay otra forma de referirse a ella, además de señalando con el dedo y con la boca abierta, impresionado, la embarcación y el esfuerzo de los nabateros sobre el río: trampo, verdugo, remeras, nabatero, puntero, codero, Araguas (a la izquierda), Escalona (a la derecha)…

"Texto integro copiado de http://www.escapadarural.com/"

1 comentario:

jose a. sidora dijo...

hay tanta historia de la que tenemos que aprender.....
Hubiéramos sido capaces, las nuevas generaciones, de haber soportado el 50% de los trabajos de nuestros padres y abuelos?
Me saco el sombrero por ellos.