viernes, 18 de agosto de 2017

Tan solo quedan ocho tizoneras.
















En las casas de jornal, normalmente las más humildes y pequeñas, el fogaril se construía en en lateral de la cocina y como estas estancias eran pequeñas se utilizaba el grueso de la pared para el hueco del fogaril así no se perdía espacio en el interior.  La chimenea iba por el interior de la pared y hacia el exterior de la calle se construía un saliente "la tizonera" donde se colocaban los leños "tizones" para hacer el fuego. En Laspuña ya solo quedan ocho tizoneras visibles desde el exterior.

No obstante tal como dice  LOPEZ ISUNZA, Manuel en su articulo "COSTUMBRISMO Y TRADICIÓN EN LA VIVIENDA POPULAR" Publicado en el año 1991 en la Revista de Folklore número 122. en las casas fuertes tambien habia tizoneras pero estaba en el centro de la cocina que es donde se hacia el fuego.
" Estrechamente relacionado con la chimenea está el hogar, vocablo que por extensión semántica y por la singular importancia que reviste en una casa, se ha convertido en sinónimo de vivienda. Allí donde la dureza del clima lo exige, se convierte el hogar en centro de reunión de sus moradores. Suele colocarse en un lateral de la cocina, pero en algunos lugares de gélidos inviernos, como en el Pirineo aragonés, es frecuente que se halle en el centro, de donde su calor irradia por igual al resto de la habitación-cocina que hace de cuarto de estar, de comedor, y donde en ocasiones se recibe a las visitas. La «tizonera» consiste en una plataforma de piedra en la que se enciende el fuego - «tizón en la casa y candil en la plaza» dice el refrán-. Se impide que rueden los leños fuera de la tizonera mediante unos morillos, por lo general de hierro, de los cuales existen preciosos ejemplares elaborados por hábiles artesanos. Todo el hogar suele estar rodeado de bancos de madera con sus correspondientes mesas. Completan estos pequeños museos de artesanía las tenazas para manejar y desunir la leña ardiendo, pues de lo contrario resultaría lo que nos dice otro refrán: «Leña apretada, cocina ahumada». También están los trébedes para apoyar los pucheros, los espetones para la carne y algunos candiles, aunque ya no estén en uso. Resumiendo: «Mi casa y mi hogaza, y de mi hogar la brasa.» "

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viernes, 18 de agosto de 2017

Tan solo quedan ocho tizoneras.
















En las casas de jornal, normalmente las más humildes y pequeñas, el fogaril se construía en en lateral de la cocina y como estas estancias eran pequeñas se utilizaba el grueso de la pared para el hueco del fogaril así no se perdía espacio en el interior.  La chimenea iba por el interior de la pared y hacia el exterior de la calle se construía un saliente "la tizonera" donde se colocaban los leños "tizones" para hacer el fuego. En Laspuña ya solo quedan ocho tizoneras visibles desde el exterior.

No obstante tal como dice  LOPEZ ISUNZA, Manuel en su articulo "COSTUMBRISMO Y TRADICIÓN EN LA VIVIENDA POPULAR" Publicado en el año 1991 en la Revista de Folklore número 122. en las casas fuertes tambien habia tizoneras pero estaba en el centro de la cocina que es donde se hacia el fuego.
" Estrechamente relacionado con la chimenea está el hogar, vocablo que por extensión semántica y por la singular importancia que reviste en una casa, se ha convertido en sinónimo de vivienda. Allí donde la dureza del clima lo exige, se convierte el hogar en centro de reunión de sus moradores. Suele colocarse en un lateral de la cocina, pero en algunos lugares de gélidos inviernos, como en el Pirineo aragonés, es frecuente que se halle en el centro, de donde su calor irradia por igual al resto de la habitación-cocina que hace de cuarto de estar, de comedor, y donde en ocasiones se recibe a las visitas. La «tizonera» consiste en una plataforma de piedra en la que se enciende el fuego - «tizón en la casa y candil en la plaza» dice el refrán-. Se impide que rueden los leños fuera de la tizonera mediante unos morillos, por lo general de hierro, de los cuales existen preciosos ejemplares elaborados por hábiles artesanos. Todo el hogar suele estar rodeado de bancos de madera con sus correspondientes mesas. Completan estos pequeños museos de artesanía las tenazas para manejar y desunir la leña ardiendo, pues de lo contrario resultaría lo que nos dice otro refrán: «Leña apretada, cocina ahumada». También están los trébedes para apoyar los pucheros, los espetones para la carne y algunos candiles, aunque ya no estén en uso. Resumiendo: «Mi casa y mi hogaza, y de mi hogar la brasa.» "

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