Se impulsó una modificación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) para dar encaje legal a un complejo que aunaba un hotel, campo de golf, urbanización y camping.
Este proyecto superó fases administrativas clave a nivel autonómico, llegando a recibir el informe favorable de la Comisión Provincial de Ordenación del Territorio de Huesca en marzo de 2005, consolidando la propuesta que el periodista Javier Ricou recogió en su reportaje de 2007 como un plan proyectado para el municipio.
La no ejecución del complejo residencial y de golf en Laspuña, así como de otros macroproyectos planeados en la comarca del Sobrarbe durante los primeros años de los 2000, obedeció a una combinación de factores económicos, medioambientales y regulatorios estratégicos.
El principal desencadenante fue de carácter estrictamente económico (Estallido de la burbuja inmobiliaria 2007-2008): Proyectos sobredimensionados basados en la preventa de segundas residencias se quedaron sin financiación bancaria de la noche a la mañana, volviéndose completamente inviables.
A la causa económica se unieron los informes sectoriales de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) y las directrices europeas que comenzaron a aplicar criterios muy restrictivos en zonas de montaña, condicionando las licencias a una disponibilidad real que no pusiera en riesgo los caudales ecológicos de ríos como el Cinca.
Así mismo el hecho de que gran parte del territorio del Sobrarbe cuenta con figuras de protección estrictas, estando fuertemente vinculado a parques naturales o zonas catalogadas como parajes pintorescos y que el marco legal medioambiental de la Comunidad Autónoma de Aragón se volvió mucho más garantista, supuso una barrera jurídica infranqueable para los planes generales de ordenación que pretendían reclasificar suelo rústico a urbanizable.
Y por suerte todo se quedó en un sueño especulador.


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