martes, 7 de diciembre de 2010

EL PAÑUELO PÚRPURA, Por Ricardo Díez


Entrega del primer premio del II Certamen de Relatos Breves o minirelatos “Una tierra Sobrarbe”

EL PAÑUELO PÚRPURA, Por Ricardo Díez (1er. Premio)

El joven Nunilo detuvo su corcel en el centro del poblado, descendió como alma que lleva el diablo y gritó a todos que se acercasen para contemplar su hallazgo, a la vez que extraía algo de su bolsa de pieles con gran cuidado.
Ciertamente, nunca se había visto en aquella aldea de la Boletania un tejido tan maravilloso, brillante y delicado. La suave tela color púrpura, aunque traslúcida a la vez, era de tal prestancia y finura que nadie alcanzaba a comprender que una mano humana pudiera haberla confeccionado. Ni los curtidores de pieles ni los tejedores de hilo que examinaron lo que parecía ser un pañuelo o un tocado pudieron dar razón de cómo ni con qué estaba hecho.
Enseguida se extendió la creencia de que se trataba de un signo divino y de que un velo de tal pureza tenía que estar relacionado con una aparición de la Virgen. El relato del joven cazador Nunilo reforzaba esa idea, pues había encontrado el pañuelo prendido en las ramas de una encina, por encima de la altura de su cabeza, en un lugar emblemático situado en los confines meridionales del territorio boletano y conocido como el Entremón.
Entre el alborozo general, solo Galindo, el más experto guerrero del poblado, guardaba silencio contemplando con infinita tristeza el tocado rojo desde un rincón. Sólo él conocía el verdadero significado del pañuelo, porque solo él había viajado hacía unos meses hasta las tierras bajas y había decidido guardar para sí los rumores que escuchó en boca de otros viajeros llegados desde el sur.
Sabía que un tiempo tocaba a su fin, el de su pueblo, y que ése pañuelo púrpura presagiaba una nueva época, la de los guerreros de la media luna.

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martes, 7 de diciembre de 2010

EL PAÑUELO PÚRPURA, Por Ricardo Díez


Entrega del primer premio del II Certamen de Relatos Breves o minirelatos “Una tierra Sobrarbe”

EL PAÑUELO PÚRPURA, Por Ricardo Díez (1er. Premio)

El joven Nunilo detuvo su corcel en el centro del poblado, descendió como alma que lleva el diablo y gritó a todos que se acercasen para contemplar su hallazgo, a la vez que extraía algo de su bolsa de pieles con gran cuidado.
Ciertamente, nunca se había visto en aquella aldea de la Boletania un tejido tan maravilloso, brillante y delicado. La suave tela color púrpura, aunque traslúcida a la vez, era de tal prestancia y finura que nadie alcanzaba a comprender que una mano humana pudiera haberla confeccionado. Ni los curtidores de pieles ni los tejedores de hilo que examinaron lo que parecía ser un pañuelo o un tocado pudieron dar razón de cómo ni con qué estaba hecho.
Enseguida se extendió la creencia de que se trataba de un signo divino y de que un velo de tal pureza tenía que estar relacionado con una aparición de la Virgen. El relato del joven cazador Nunilo reforzaba esa idea, pues había encontrado el pañuelo prendido en las ramas de una encina, por encima de la altura de su cabeza, en un lugar emblemático situado en los confines meridionales del territorio boletano y conocido como el Entremón.
Entre el alborozo general, solo Galindo, el más experto guerrero del poblado, guardaba silencio contemplando con infinita tristeza el tocado rojo desde un rincón. Sólo él conocía el verdadero significado del pañuelo, porque solo él había viajado hacía unos meses hasta las tierras bajas y había decidido guardar para sí los rumores que escuchó en boca de otros viajeros llegados desde el sur.
Sabía que un tiempo tocaba a su fin, el de su pueblo, y que ése pañuelo púrpura presagiaba una nueva época, la de los guerreros de la media luna.

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